Discusión:


La necrosis grasa diseminada no se limita exclusivamente al tejido celular subcutáneo sino que también puede afectar a otros tejidos como el articular, médula ósea, cerebro, pleura, pericardio, mediastino, riñones, suprarenales y ovarios(2). La lesión del tejido subcutáneo asociada a la enfermedad pancreática fue descrita por Chiari(3) en 1883, afecta a un 2-3% de todos los pacientes con enfermedad pancreática(4) y lo más frecuente es que se asocie a cuadros de pancreatitis aguda alcohólica, siendo rara su aparición con el cáncer y el pseudoquiste pancreático(5-6). Las áreas de necrosis grasa subcutánea se manifiestan como nódulos indurados, eritematosos y dolorosos con un diámetro de 0,5-2 cm, similares a las lesiones del eritema nodoso con quien se debe realizar el diagnóstico diferencial al igual que con otras enfermedades dermatológicas(7). Su distribución suele ser generalizada pero aparecen preferentemente en los miembros inferiores, región glútea y tronco, como ocurrió en nuestro paciente. Rara vez se afectan los miembros superiores, el tórax o la cabeza(8). Generalmente los nódulos de esteatonecrosis subcutánea se resuelven en días o semanas tras la curación de la pancreatitis(9) e incluso se ha descrito su remisión tras la pancreatectomía total(10), lo que refuerza la íntima relación entre enfermedad pancreática y necrosis grasa. En ocasiones se produce la curación espontánea sin dejar lesión residual(11) o se ulceran los nódulos drenando un material cremoso y estéril, dejando una hiperpigmentación residual(5). En nuestro caso los nódulos curaron de forma espontánea dejando una zona hiperpigmentada 13 días tras la normalización de la amilasemia. Más raramente, la necrosis grasa puede extenderse a tejidos adyacentes (tendones y articulaciones)(12) acompañándose entonces de una elevada mortalidad(13).(13) . Se ha visto asociada a la aparición de estos nódulos una eosinofilia elevada en el 50% de los pacientes(5), fundamentalmente en las formas con poliartritis. Nuestro paciente presentaba una marcada leucocitosis con neutrofilia pero sin eosinofilia. La patogenia de estas lesiones no está clara, y aunque en ocasiones no se encuentra correlación entre la presencia de esta necrosis grasa y los niveles séricos de enzimas pancreáticos(14), existen trabajos en los que si aparece esta asociación con elevación importante (hasta 100 veces las cifras normales) de la amilasemia y lipasemia(15) como en nuestro caso. La elevación más acentuada, de los enzimas pancreáticos en sangre, cuando existe necrosis grasa, indicaría su paso a la circulación general por vía venosa o linfática dañando posteriormente las células adiposas(13), como ya se ha descrito en los casos de fístula pancreático portal(16). Por otra parte, Dhawan y cols(17) demostraron que en pacientes con lesiones de necrosis grasa subcutánea y pancreatitis aguda, los adipocitos se teñían fuertemente con anticuerpos anti-lipasa pancreática, lo que apoyaría la acción directa de estos enzimas sobre los adipocitos. Comentar finalmente, que estas lesiones pueden ser la primera y la única manifestación clínica de una pancreatitis(5,6,12,18)) , y que se ha descrito algún caso de pancreatitis asintomática diagnosticada tras estudio del aspirado de éstos nódulos al encontrar cantidades altas de amilasa(12). Sin embargo, pensamos al igual que Manji y cols(12), que a pesar de la buena evolución que presentan frecuentemente estas lesiones, lo importante es su diagnóstico precoz y la "alerta" cuando aparecen, ya que la progresión de las mismas hacia tejidos vecinos, como ya se ha comentado anteriormente, se asocia a una mortalidad elevada y de alguna manera esto podría condicionar nuestra actitud terapéutica.


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